Un pequeño ritual para envejecer saludablemente: levantarse cada mañana a la misma hora
A partir de los 60, a menudo se nota que el propio cuerpo ya no funciona exactamente como antes. Mientras que antes se podía sobrellevar sin problemas una noche corta, hoy, después de dormir mal, uno se siente rápidamente cansado, pesado y con menor rendimiento.
Sin embargo, esto no significa que la salud tenga que empeorar inevitablemente con la edad.
Muchas personas descubren que se sienten mejor en el día a día y más despejadas por la mañana cuando cambian un poco sus hábitos. Para ello no hace falta una transformación radical de la alimentación ni un programa de entrenamiento agotador.
Hay un aspecto que a menudo se subestima: un ritmo de sueño regular.
Establecer primero la hora de levantarse, no la de acostarse
Cuando se trata de dormir bien, muchas personas se preguntan primero a qué hora deberían acostarse por la noche.
En realidad, puede ser más útil empezar por fijar la hora de levantarse.
Nuestro cuerpo dispone de un reloj interno que se orienta aproximadamente por el ritmo de 24 horas. Este no solo influye en el sueño y la vigilia, sino también en la temperatura corporal, la liberación de hormonas, el apetito y otras funciones importantes del organismo.
Con la edad, el sueño se vuelve más ligero para muchas personas. Se despiertan más a menudo durante la noche o duermen hasta más tarde por la mañana que antes. Especialmente después de jubilarse, a menudo falta un motivo fijo para levantarse a una hora determinada.
Precisamente aquí puede ayudar un hábito sencillo:
Levantarse aproximadamente a la misma hora todos los días.
Si entre semana y el fin de semana no se tienen horarios completamente distintos, al cuerpo le resulta más fácil mantener un ritmo diario regular.
No hace falta que sea exacto al minuto. Por ejemplo, quien se ha propuesto levantarse a las 6, no tiene que saltar de la cama exactamente a las 6:00 cada mañana desde el primer día. Mucho más importante es mantener regularmente un horario similar.
La luz de la mañana da una señal al reloj interno
La luz de la mañana también desempeña un papel importante.
Después de levantarse, se pueden abrir primero las cortinas y ponerse junto a la ventana. Mejor aún es salir un momento cuando hace buen tiempo y, por ejemplo, dar un pequeño paseo.
La luz natural de la mañana es un importante sincronizador externo de nuestro reloj interno. Ayuda al cuerpo a reconocer el comienzo del día y a estabilizar el ritmo de sueño y vigilia.
Si se mantiene esta rutina con regularidad, al cuerpo también puede resultarle más fácil volver a sentir sueño a la hora adecuada por la noche.
Lo decisivo no es ponerlo todo en práctica de forma perfecta desde el principio. Los pequeños cambios que se pueden mantener a largo plazo suelen ser más útiles que un plan estricto que se abandona después de pocos días.
Para dormir bien también importa el entorno de descanso
Por supuesto, una hora fija para levantarse no puede resolver por sí sola todos los problemas de sueño.
Si el cuerpo no está cómodo durante la noche o el cuello y los hombros se sienten tensos, puede resultar más difícil conciliar el sueño relajadamente o despertarse descansado por la mañana.
Por eso también merece la pena prestar atención al dormitorio.
Además de la temperatura, la luz y los ruidos, conviene preguntarse:
¿Mi almohada sigue siendo adecuada para mí?
Una almohada nos acompaña cada noche durante muchas horas. Por eso, no debería ser decisivo únicamente lo suave o acogedora que resulte. Mucho más importante es que se adapte a la postura al dormir y a la forma del cuerpo, y que la cabeza y el cuello queden en una posición cómoda.
Por eso, quien se despierta a menudo por la mañana con el cuello tenso o una sensación desagradable en los hombros puede empezar por revisar su almohada.
Una almohada cómoda puede formar parte de una buena rutina de sueño
Por este motivo, cada vez más personas optan por almohadas que no solo son suaves, sino que ofrecen un apoyo específico para la cabeza y el cuello.
Naturalmente, una almohada por sí sola no puede resolver los problemas de sueño. Cada persona tiene una complexión y una postura preferida para dormir diferentes. Por eso, una almohada debe adaptarse sobre todo a las necesidades personales.
En última instancia, dormir bien no depende de un solo producto. Más bien, los hábitos regulares y un entorno de descanso agradable se complementan.
No empieces esta noche, sino mañana por la mañana
Por eso, quien quiera mejorar su ritmo de sueño no tiene que empezar necesariamente por acostarse más temprano.
Quizá sea más sencillo fijar primero:
¿A qué hora quiero levantarme mañana?
Después de levantarse, abrir las cortinas, recibir la mayor cantidad posible de luz natural y, si el tiempo lo permite, salir unos minutos. Conviene no hacer la siesta demasiado tarde. Por la noche, también se puede procurar que el dormitorio sea tranquilo y agradable.
Son cosas pequeñas. Pero precisamente los pequeños hábitos suelen integrarse con más facilidad y de forma duradera en la vida cotidiana.
Incluso a una edad avanzada se pueden hacer muchas cosas por el propio bienestar. No es necesario cambiarlo todo de una vez.
A veces basta con incorporar un pequeño hábito tras otro a la rutina diaria.
Y quizá el próximo cambio no empiece esta noche.
Sino mañana por la mañana, levantándose a la misma hora.
